Historia de Carcassonne

Tras este breve repaso por la historia de esta ciudad fortificada del Languedoc estamos seguros de que os entrarán ganas de hacer las maletas para disfrutar de sus rutas.

Sus orígenes se remontan al período romano, cuando se decididó fortificar el oppidum (fortaleza) que ocupaba el promontorio donde hoy se asienta Carcassonne. Fueron los romanos quienes le dieron el nombre de Iulia Carcasso y la protegieron con nuevas murallas (que aún podemos contemplar dentro del conjunto).

Ciudadela medieval de Carcassonne.

Ciudadela medieval de Carcassonne.
Fotografía: Carlos Gracia

Pero tras los romanos llegaron los visigodos, que ocuparon la ciudad. Después, bajo el reinado de Pipino el Breve, los francos volvieron a fortificarla para repeler a los árabes. A partir de ahí la ciudad pasó a manos de sucesivos miembros de la nobleza goda.

Ya en plena Edad Media, Carcassonne se consolidó como uno de los principales feudos cátaros y fue víctima de la cruzada contra ellos. Para comprender la historia de Carcassonne es fundamental comprender la de los cátaros, pero, ¿qué eran los cátaros?

El catarismo fue un movimiento religioso, considerado herético por la Iglesia, que se difundió por Europa Occidental desde el siglo X: las principales características de su doctrina era el rechazo a todo lo material y la afirmación de una dualidad creadora (Dios-Satanás). Durante la cruzada albigense (los cátaros también eran llamados albigenses) la Iglesia, con el apoyo de los reyes de Francia, los persiguió hasta debilitarlos, obligándolos a vivir en la clandestinidad y condenados a la extinción un par de siglos después.

Con el paso de los siglos, Carcassonne fue perdiendo importancia estratégica para Francia, y a la altura del siglo XIX la ciudad quedó completamente abandonada. Sus murallas habían servido de canteras para la construcción de otras edificaciones en los alrededores, y su estado era prácticamente ruinoso.

¿Desde cuándo es tal como hoy la vemos? Los protectores de Carcassonne

Fue entonces cuando entraron en juego el historiador Jean-Pierre Cros-Mayrevieille y el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc, que decidieron denunciar el terrible estado en que se encontraba Carcassonne y emprendieron su particular cruzada para recuperarla.

Por aquel encontes, el auge del Romanticismo francés, de la mano, sobre todo, de Víctor Hugo, había conseguido que renaciera en la sociedad un gusto especial por todo lo medieval. Esta corriente, sumada a un fuerte sentimiento nacionalista, era el caldo de cultivo perfecto para que la Sociedad Francesa de Arqueología dijera sí a la recuperación del conjunto histórico de Carcassonne.

Vista del casco histórico de Carcassonne desde el castillo.

Vista del casco histórico de Carcassonne desde el castillo.
Fotografía: Vicki Burton

No obstante, Violet le Duc dio otra vuelta de tuerca al asunto, sumando al proceso de restauración de Carcassonne algunos elementos nuevos que consideró que encajaban con la estructura originaria del edificio, lo que le granjeó unos cuantos detractores en su momento pero que permitió que hoy podamos admirar la ciudad medieval de Carcassonne tal como es, con esos bellos rincones que tienen el poder de trasladar al viajero hasta la Edad Media.

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